UN DÍA CON CONTRASTES DE MELANCOLÍA.
12.45 pm Me encuentro caminando directo a la estación Niquia del metro, voy un poco distraída, apenas puedo notar las goteras que caen - aviso de un aguacero providencial que asoma - me detengo y caigo en cuenta que no traigo conmigo el paraguas, poco me importa la verdad, hacía días que quería caminar bajo la lluvia, siempre me ha parecido terapéutico, pienso que la lluvia se lleva consigo mis pesares y bastantes que tengo en este momento.
Estoy escuchando las predicciones de mi signo para este día - quizás encuentre algo prometedor para mis días grises - ya saben algo como: se avecina el empleo de sus sueños, podrá cumplir ese viaje anhelado a una isla paradisiaca en el Caribe ó quizás algo como, el amor tocará a su puerta... Me rio mientras entrecierro los ojos - nada mas alejado por ahora de mi realidad - Tal vez por eso lo escucho, parece ser la promesa de los llamados astros para la vida de ensueño - dejo un poco a la suerte y al destino, no está de más creer un poco en semejantes sandeces -
Delante de mi va una chica, parece tener el mismo afán que yo, por el contrario si lleva paraguas para protegerse de la lluvia, que con cada segundo se vuelve más fuerte, afinamos el paso para transitar la larga calle detrás del Coliseo que se encuentra un poco sola - dos extrañas haciéndose compañía - para despistar a aquellos que tras los árboles se puedan esconder.
El agua ya empieza a correr por mi rostro, por mis prendas de vestir, sigue sin importarme, de igual forma llegaré a mi casa a cambiarme o quizás no - recuerdo las palabras de mi amiga - Vas a pescar una neumonía y ante mi negativa responde: como tú digas doña Panacea; es cómico ¿Cuándo la lluvia se convirtió en mi panacea?
Ya en el metro sentada justo en el primer vagón, me puede este desdén por la vida - No me culpen tengo mis días de altibajos - mientras observo a quienes suben y bajan entre estaciones: la joven enfermera que se dirige a un hospital del Sur - lo noto por el nombre en su uniforme - los jóvenes estudiantes joviales, algunos de ellos con sus porta planos a cuestas, los señores y señoras que igual que yo buscan llegar a su destino.
Observo una chica que se sube en la estación Prado, debo confesar que me gustó bastante su "pinta" tal cual como me gusta vestir en mis días de descomplique - sudadera negra, un buzo con estampado de figuras geométricas en blanco y negro, tenis para contrastar... de colores - perdí de vista su rastro un par de estaciones adelante pues el vagón se llenó increíblemente rápido, al final no me di cuenta en que estación se bajó.
…Llegando a mi casa... debo saltarme varias líneas que no pueden resultar entretenidas -como si esto que escribiera llenara de emoción a mis lectores - me ocupo entre otras cosas de mis labores diarias.
Ya en la tarde - noche no quiero continuar, mi mente esta en todas partes menos en lo que debería estar haciendo, prefiero cerrar el portátil y continuar después.
Me pongo un buzo, me cambio de tenis y me dispongo a salir, no sin antes llevarme un paquete para una entrega express que debo hacer.
Amo caminar, sin duda de lo más liberador, mientras escucho canciones de alguna lista de mi Spotify, debo decir que a veces estoy tan inmersa en mis pensamientos que poca atención le presto a la canción que suena - ¡claro que pongo atención por donde camino! no quisiera verme en una situación desafortunada por mi despiste - ya en camino trazo mentalmente mi recorrido, destino final: Sabaneta - el parque con su jolgorio y bullicio siempre me ha parecido encantador - apenas para distraer mis pensamientos.
A mitad de camino encuentro el lugar para mi entrega, antes había caminado por dos calles similares sin poder dar con la dirección correcta - confusiones- me siento en el andén contiguo y pienso ¿Qué debería hacer? Tocar el timbre y presentarme sin ser invitada - no me parecía lo más correcto - ¡Salvación! Justo entra una pequeña niña que estaba paseando su pequeño perro - negro como la noche - dando brincos de alegría. Con una sonrisa le pido el favor para que realice la entrega por mi, acepta, sabe perfectamente a quien entregárselo.
Continuo mi marcha y debo decir que, en este punto y dado el lugar en el que me encuentro tengo un poco de susto - ya el día cayó y la carretera juega con las sombras - ¿En qué momento se me ocurrió venirme por aquí? acelero el paso.
Ya encontrándome en el sendero peatonal, la tranquilidad volvió a mi cuerpo, los transeúntes caminan con su paso veloz sin prestar atención de lo que pasa alrededor... paso inadvertida.
Observo un edificio a unos metros, el nombre llamó por completo mi atención: Urbanización Río Místico... Rio Místico repito, acordándome de aquella película ganadora del Oscar en el 2003 y que había querido verme desde hacía tiempo, pero que por diversas razones aún no había hecho - ya sabía que haría apenas llegara a mi casa.- Hace poco había visto por ahí un ranking de las escenas mas desgarradoras del cine, entre ellas había una de esta película, en donde Sean Penn realiza una excepcional interpretación que deja la piel de gallina, una razón más para verla.
Ya en el parque de Sabaneta, me siento en un lugar de la plaza adoquinada justo al frente de la fuente, me dejo envolver por su ambiente festivo, aun cuando apenas comienza la semana. A un lado la iglesia con su celebración de la eucaristía abarrotada de gente, el tradicional comercio con su venta de los famosos buñuelos gigantes, la música en los establecimientos contiguos, tantas personas de aquí para allá ¿y yo? pues ahí sentada inmóvil teniendo conversaciones trascendentales con mi otro yo.
No sé cuanto tiempo estuve ahí sentada, vi la hora y sabía que era hora de regresar a mi casa, nuevamente alzar el paso y caminar - No, esta vez no me regresaría caminando, es un largo trayecto - Tomé el integrado, volví a reproducir la lista de canciones aleatorias en Spotify para amenizar el recorrido, mientras veía por la ventana como la noche se iba haciendo paso.
Llego justo a tiempo antes de que el diluvio empezara, - ¿Es normal tanta lluvia por estos días? - Me siento un rato en las escaleras de la entrada de mi casa, mientras observo el aguacero monumental que cae, miro alrededor, supongo que todos duermen en la tranquilidad de sus casas, - siempre me ha parecido un lugar demasiado tranquilo para vivir-
Minutos más tarde pienso: para todo lo que caminé no me siento cansada, aunque lo cierto es que suelo caminar bastante.
Me levanto, doy media vuelta, sonrío para si misma, reflexiono... Sin duda este ha sido un día con contrastes de melancolía.
Juliana Andrea Restrepo Ch.
Es verdaderamente interesante conocer que hay dentro de una mente en silencio. Buena historia mona.
ResponderEliminarMuchas Gracias! Dejando fluir las palabras.
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